Daca ploaia s-ar opri
Ya eran casi las 2 de la madrugada, hacía varias horas que se había acostado pero el sueño aun no le había envuelto. Era una noche calurosa de Mayo, las sabanas le pesaban y le incomodaban, pero lo que realmente no le permitía dormir eran los temores, el estrés, los planes y otro montón de estorbos emocionales que arrastraba del reciente y agitado pasado.
Él apenas estaba en la adolescencia tardía, con 18 años tenia el semblante de 22 y aunque su comportamiento era a veces pueril, estaba curtido acorde a su apariencia. De pelo claro a la luz del sol, ojos oscuros, mirada profunda, emanaba misterio y confusión, tanto por su aspecto como por su singular forma de hablar. La estatura estaba en la media, el cuerpo, aunque descuidado daba muestras de juventud y buena forma. No era desagradable a la vista y lo tosco de la apariencia junto a un cuidadoso desaliño no pasaba desapercibido.
En cuanto al pasado reciente, causado por repentinos cambios en el entorno próximo, fácilmente alteraron su sensible personalidad, causando una gran metamorfosis en su comportamiento, en sus principios y en sus ideales.
Por una parte encontró intolerable aguantar la larga represión de sus progenitores, que tantas inseguridades le había causado a lo largo de su vida.
Por otra parte estaba la confusión que le producían los vínculos afectivos, ya que su inestabilidad emocional en algunos momentos le impedía juzgar con objetividad y actuar de la manera lógica. Había tenido varios ligues con mayor o menor implicación sentimental pero recientemente una conocida que ni siquiera se encuadraba en la categoría de “ligue”, consiguió poner patas arriba todos los esquemas sobre sentimientos y mujeres que el había construido hasta la fecha.
Organizaba a sus amistades femeninas en grupos definidos según sus propósitos para con ellas y lo que cada una representaba a nivel sentimental.
Le era fácil encapricharse y rara vez no alcanzaba sus objetivos. Hubo varias que traspasaron la barrera de lo físico y entraron a la categoría de “amigas especiales”. Generalmente vivían lejos y la relación emocional tenía más importancia que la física. Solo las veía una o dos veces al año. A él le habían servido de refugio en muchos de sus inestables estados de ánimo.
Esa noche había estado recapacitando sobre lo que le estaba ocurriendo, y a pesar de los apoyos y el autoengaño seguía viendo turbio el futuro mas próximo. A pesar de no tener ninguna seguridad, tenía muchos planes que veía como podrían esfumarse de un momento a otro. La ansiedad y el estrés emanaban por sus poros, no paraba de revolverse en su cama, de un lado a otro, intentando adivinar y planificar lo que el futuro le deparaba.
Aun tenia sueños de la infancia, utopías de un niño optimista, tal vez nunca vería cumplidas. Deseaba disfrutar el momento, equilibrar la balanza, no quería posponer el momento de encontrarse hasta estar en el lecho de muerte.
Por las amenazas y reprimendas verbales, sabía que todo cambiaria muy pronto. Tenía la imperiosa necesidad de no sentirse coartado en cada decisión, de no tener un trasfondo de prejuicios que no le dejen saborear los guiños que nos hace la vida.
A muchos kilómetros, como un bebé acurrucado en su cuna, estaba ella sumida en el mundo de los sueños, ajena seguramente a este pequeño trozo de la realidad. Su rostro, ligeramente iluminado por la luz de la luna, reflejaba una profunda tranquilidad, por un momento él creyó palpar la silueta de sus labios y escuchar su aliento chocar contra cuello. Eso fue solo un flash back que se desvaneció tan rápido como apareció pero le sirvió de motivación
Necesitaba volver a verla, sentirla cerca, oír su voz sin nada de por medio. Éste era ahora su objetivo y no pensaba rendirse, porque lo que importa es también el camino, no solo la meta.
¿Pero yo por qué hablo de humanos y sus preocupaciones? Si soy una hormiga…

